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  • Foto del escritorJorge Eduardo Peláez

EL RATÓN QUE SE CREÍA LEÓN.

MÁS CONOCIMIENTO PUEDE OBTENERSE ACERCA DEL CARÁCTER REAL DE UNA PERSONA CONVERSANDO CON ELLA QUE CON UNA NARRACIÓN EUFÓRICA DE SUS LOGROS. LAS HISTORIAS PUEDEN MENTIR, PERO SUS EFECTOS LAS REVELAN IRREMEDIABLEMENTE.


Uno de los personajes a los que más admiro y he estudiado es Albert Einstein. La simpleza de sus historias y las anécdotas sobre lo que dijo e hizo son no solamente reveladoras, sino que están llenas de información cuya relación con sus logros científicos es nula o irrelevante.


Albert Einstein siempre odiaba manejar, y para evitar la pena de hacerlo contrató a un chofer. Existe una narrativa común que explica con claridad esta fobia. Einstein daba frecuentemente conferencias y pláticas interesantes en universidades e instituciones científicas. Esto se convirtió en algo tedioso que empezó a molestar al padre de la relatividad. Con el paso del tiempo y fastidioso de hacerlo, Einstein le comentó a su chofer en uno de sus trayectos, que era muy aburrido hablar y repetir siempre lo mismo una y otra vez. Su chofer escuchando la queja, le comentó con mucha certeza:


"He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra, es más, si quiere le puedo sustituir por una noche, no creo que nadie se dé cuenta”.


Einstein motivado por el reto, aceptó. Antes de llegar al lugar de la conferencia se intercambiaron la ropa y el físico tomó el lugar de chofer. Al llegar a la sala ya que ninguno de los académicos conocía físicamente a Einstein, nadie se percató de que no se trataba de él. El chofer dio la conferencia sin problemas hasta que en la sección final, uno de los profesores de la audiencia le hizo una pregunta muy complicada que no sabía cómo contestar, acudiendo de inmediato a una ingeniosa respuesta, dijo:


"La pregunta que usted me hace es tan sencilla, que dejaré que mi chofer que se encuentra al final de la sala, se la responda".



El ratón se creía león, pero el león, nunca fue ratón.


Nada es en realidad lo que parece. Existen personas en la vida y las organizaciones, cuya lista de logros e imagen externa no reflejan en realidad lo que son, ni para bien, ni para mal. Uno de los mentores más grandes que tuve en mi carrera gerencial mandaba una imagen poco amigable, dura e incluso agresiva, con el paso del tiempo fui conociéndole y encontré a una persona cálida y cuidadosa. De la misma manera, existen personas con una imagen amable y afectuosa que en realidad viven en total antagonismo a esa postura.


La vida profesional difiere de otros dominios del esfuerzo humano en el hecho de que su efectividad no proviene de la actividad individual de aquellos que la ejecutan. La gestión y el trabajo son por encima de todo resultados de la suma sinérgica colectiva del talento y esfuerzo de muchos, nadie logra nada, solo o sola.


El liderazgo no echa de menos ni extraña a las personalidades extravagantes, carismáticas o excéntricas, por el contrario, se aísla totalmente de la fachada y se refugia en la voluntad y libertad humana de quienes lo ejercen o lo siguen.


Las historias exitosas de los líderes son, o más, o menos atractivas que sus obras, lo que les hace trascender no es lo que pasó, sino lo que lograron y dejan como huella en los demás.

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