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  • Foto del escritorJorge Eduardo Peláez

HACER, O NO HACER... HE AHÍ EL DILEMA.

QUIEN SE DEJA LLEVAR POR LO QUE DICEN OTROS, SE AUTOANULA PUES AL EXPONER SUS IDEAS SE CONVENCE POR OMISIÓN Y NO POR CONVICCIÓN. ESCUCHAR DEMASIADAS OPINIONES, ES TAN NEGATIVO COMO NO ESCUCHAR NINGUNA.


En el año de 1974 Stephen Hawking apostó con Kip Thorne amigo suyo, una suscripción anual a la revista Pent-house asegurando que Cygnus X-1 un objeto cósmico, no era un agujero negro. En su obra "Una Breve Historia del Tiempo" en referencia con esta anécdota, Hawking explicó que la apuesta era un símbolo de su compromiso para sustentar algo por lo que trabajaría toda su vida. Resulta que, en efecto, Cygnus X-1 es un agujero negro. En 1988 Hawking se declaró vencido y pagó la suscripción de la revista, se había equivocado, y de qué manera.


Albert Einstein, otra gran mente brillante, también cometió muchos errores. Entre ellos coincidentemente, haber negado la existencia de los agujeros negros, diciendo que se trataba de artimañas matemáticas sin sentido, y que no eran posibles en el universo. También afirmó que era físicamente imposible la existencia de “ondas gravitacionales” que hoy, han sido demostradas experimentalmente. El tiempo se encargó de demostrar que él, también estaba en un error.


Hawking y Einstein, se equivocaron, y mucho. Sin embargo, debemos rescatar el hecho que para ellos las opiniones de los expertos y especialistas, no eran más que eso, opiniones y no solo las buscaban para aprovecharlas, sino que invitaban al debate acalorado con tal de encontrar la verdad que estaría por ser descubierta, si no por ellos, por otros más adelante. Ni uno ni otro, hubiera llegado lejos poniéndose en manos de los conocimientos de la época dando por sentado que las opiniones de otros debían guiar sus actos, había mucho por delante como para voltear atrás. Ellos debían documentarse, entender, y generar sus propias opiniones.



Cuando tu convicción está por encima de todo, tus ideas te guían y dan luz, y si al final te equivocas, pagas, rectificas, y si eres fiel a ti, cambias de opinión. Lo que no puedes hacer, es vivir de las ideas de otros para evadir tu responsabilidad y no decidir por ti mismo.


Hoy leemos opiniones de unos y otros, sobre qué hacer y que no hacer. Es complicado decidir sin informarnos, pero cuando nos excedemos en lo otro, caemos en la duda y la inseguridad, sin notar que al final, decidir se vuelve un acto de duda y vacilación.


En las recomendaciones y opiniones que damos quienes escribimos, nos debe ir de por medio el prestigio, si no, mejor hay que callarse. Ir más allá de nuestras obsesiones implica la aceptación de ideas de otros en quienes reconocemos prestigio intelectual, pero al final del túnel, estaremos viendo hacia atrás y pagando nuestras facturas, solos y de frente, como debe de ser.


El camino lo hacemos avanzando, si bien el horizonte es incierto, nuestro pasado no lo es. Hay que oír a otros, tomar sus ideas y dejarnos influir, pero recordemos que nosotros también influimos en otros, y no podemos vivir en función de lo que digan los demás que naturalmente hablan desde la posición única de su vida, no desde la nuestra.


Animarnos a actuar por convicción, es correr el riesgo de equivocarnos. Decidir por lo que dicen otros, es peor.

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