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  • Foto del escritorJorge Eduardo Peláez

IDENTIDAD SOCIAL DESTRUIDA.

LAS PERSONAS SOMOS “ANIMALES SOCIALES”, AUN ASÍ, NO NOS DAMOS CUENTA DE QUE TAN SOCIALES SOMOS EN LA REALIDAD, Y EL IZQUIERDISTA RADICAL LO SABE.


La idea de llamar “constructo social” a un hecho relevante de la naturaleza científicamente comprobado, es peligroso y delicado. Está plenamente demostrado, que las personas estamos permeadas profundamente por una identidad social. La “homofilia” que es la tendencia de las personas por la atracción a sus homónimos, nos lleva a buscar pertenecer a grupos con los cuáles tenemos más afinidad, un hecho que se explica y entiende de manera natural. Sin embargo, esa afiliación tiene sus peligros potenciales, por ejemplo, la posible tendencia a generar genocidios escondidos detrás de doctrinas sin base, ocultos en atributos grupales de dudosa validez.


Estás conmigo, o en mi contra, el argumento del resentido.


Generar grupos sociales infundados crea fronteras delicadas sin significado. Este peligroso hecho, anula el debate, elimina el aprendizaje, y segrega dando paso a la distorsión social que aniquila de facto el libre pensamiento.


En un experimento realizado por psicólogos sociales, se encuestó a un grupo de fieles seguidores de un equipo de futbol sobre si estos ayudarían a un fan herido del equipo rival acérrimo, más del 70 % de las respuestas dijeron que no, o por lo menos lo pusieron en duda. Lo curioso de este mismo experimento, es que cuando se les hizo la pregunta pensando en su selección nacional y no en el equipo rival, el sentido de las respuestas fue contundentemente en la dirección contraria, altruismo y apoyo total al compañero herido. Si los dos seguidores coincidían en soportar la misma causa, sus acciones e intenciones cambiaban radicalmente. Somos animales sociales indiscutiblemente.


En el mundo pasa algo igual, los sistemas de izquierda sustentados en ideologías populistas manejan a la perfección la pertenencia social, no para conciliar, sino para dividir. Si tu y yo, nos enfocamos ciegamente en nuestro “grupo”, corremos el riesgo de caer en la separación disociada, anulamos al otro, y nos distanciamos para beneplácito del populista manipulador y mentiroso, que, además, inventa definiciones sin fundamento, contradictorias, y absurdas. Para ellos, solo hay un argumento válido, este es; "Estás conmigo, o estás en mi contra"


Hoy más que nunca, necesitamos propósitos compartidos, nos hace falta complementar el sentido de pertenencia, por el sentido de compasión por el otro. Necesitamos civismo y valor. Somos mucho más que un grupúsculo de manipuladores sociales expertos en la destrucción. Somos muchos más los buenos.


Es cierto, mucho se ha perdido y mucho se ha destruido, pero mucho es también lo que benditamente se puede ganar construyendo.

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