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  • Foto del escritorJorge Eduardo Peláez

LA MUERTE DEL AUTÓCRATA.

Mientras el mundo recurre a los valores y la congruencia, el poder del autócrata se diluye.


Narciso alcanzó el éxito de manera virtuosa. Trabajó, estudió y se comprometió con su meta. Recordó con cierta nostalgia, los días interminables en los que sus dos turnos de trabajo, educarse constantemente y empezar de nuevo tantas veces, apenas le daban para sobrevivir. El desgaste físico fue muy fuerte, pero se minimizaba ante la tenacidad y determinación por lograr su meta, nada lo detendría.


Al final Narciso había establecido una empresa exitosa, rentable y en crecimiento, había de alguna manera, alcanzado su sueño.


Con el paso del tiempo, se dio cuenta que en su interior una sensación de vacío y soledad le abrazaba. Los que alguna vez le siguieron le tenían miedo; quienes le admiraban le compadecían; quienes estaban cerca antes, se habían alejado.


Narciso estaba solo, profundamente solo, paralizado, tenía miedo. Narciso se vio en el espejo y se complació en si mismo para siempre; se entregó a sí mismo y no pudo consigo. Narciso, estaba lleno de miedo a pesar de que su maquillaje existencial, quisiera decir lo contrario.


Él ya no podía escuchar, solo oía; se sentía superior, pero nadie le admiraba; sus fantasías no podían eludir la realidad. En el fondo sabía que necesitaba de los demás, pero de nuevo, tuvo miedo, se dio cuenta que detrás de su fachada de firmeza, era vulnerable. Todo lo sabía, todo lo controlaba, solo él podía decir como y tristemente se justificaba cuando todo, andaba mal.


Esta triste y lamentable historia, es real, es la de muchos seres humanos que, al probar las mieles del éxito, o lo que esto sea, se entregan a su sutil y falso éxtasis, se envuelven en las terribles garras del miedo y se tornan en autócratas apanicados y protegidos por una falsa y volátil autoridad.


Hoy el mundo en todas sus facetas demuestra cada vez con más claridad, el desahucio de la autocracia. Las empresas más que nunca, dependen de la potencia del talento y el compromiso humano nacido desde la voluntad libre y autónoma. La gente está harta de una imagen sustentada en la farsa que quita visibilidad al carisma del autócrata y lo hace ver como es.


El liderazgo ha muerto como una meta romántica, los nuevos líderes saben que recurrir al supremo poder de la autocracia, es destinar su propuesta al fracaso. Lideran por convicción, por compromiso y porque quieren.


La toxicidad del autócrata terminó por volverse en su contra, si no, tiempo al tiempo.


La fuerza de talento, los nuevos líderes.

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