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  • Foto del escritorJorge Eduardo Peláez

LA OBLIGACIÓN DE LA CONCIENCIA.

SOMOS UNA COMPLEJA Y A LA VEZ SENCILA UNIÓN DE LO TANGIBLE Y LO INTANGIBLE. NUESTRA EXISTENCIA SE DIVIDE ENTRE OPCIONES Y DUPLICIDADES. LA LIBERTAD EXIGE RIESGO, PUES LA RECOMPENSA VALE LA PENA.


Si observamos el estado de las cosas, solemos ver con más facilidad aquello que nos da mas seguridad y nos reafirma. Cuando salimos por ejemplo de viaje, no pensamos en la realidad de los riesgos que implica. Las nuevas generaciones han hecho de las sensaciones desagradables un enemigo personal, las refutan, y rechazan, para no sentir stress. Pero esas sensaciones son parte de la vida y están ahí para ayudarnos a vivir mejor. Negarlas, es cerrar los ojos para no verlas a pesar de conocerlas.


Aquello que adoramos y nos hace sentir bien, conlleva de sí potencial en todas sus formas y alternativas. Una nueva relación nos puede ilusionar profundamente y por ello no pensamos que pueda fallar, a pesar penosamente que así puede ser. Todo lo que hagamos, siempre estará condicionado a muchos factores como para que controlemos sus consecuencias tan solo por ser nosotros.


Lo nuevo al igual que lo rutinario viene impregnado de incertidumbre, de lo desconocido, y es eso lo que lo hace profundamente valioso para vivir. El riesgo y lo desconocido, son muchas veces, lo más valioso que tiene una experiencia.


Hay un hecho irrefutable en la vida; “es imposible regresar atrás”.


La última vez que vi a mi padre a los ojos, de alguna manera ambos supimos que esa era la última mirada. Sin embargo, al mismo tiempo también supimos que era la primera vez que nos veíamos, solo que de una nueva forma, una que no conocíamos. Ese momento, traía dolor por la ausencia, pero también, alegría por la esperanza. Ambos escogimos libremente como sentir, pasara lo que estuviera pasando.


Nada termina ni nada empieza, las cosas son parte fundamental de un continuo de perfección universal que no podemos entender quizá, porque así debe de ser


Esta no es una posición fatalista ni con mucho. Es más bien, una centrada y realista, que deja ver que hay que vivir y disfrutar la vida como venga. No podríamos entender el placer sin el conocimiento del dolor aun cuando no lo experimentemos. De la misma manera, no podemos vivir una vida plena, si no tomamos conciencia de que un día moriremos.


Nuestro estado natural, es uno unido a Dios en todas sus formas. La conciencia otorgada, es una expresión de una conciencia compartida con otros, y suele ser nuestra, solo cuando actuamos en el libre albedrío y la aceptamos asumiendo nuestra responsabilidad individual sobre la felicidad colectiva.


Todo sucede, todo fluye y a la vez, todo queda. Y en medio de este ciclo interminable, estamos nosotros para dar evidencia de que vivir vale la pena. Aceptar la vida como es, no es conformarse, es darse la oportunidad de entender que podemos con mucho aunque no con todo. Todos tenemos, una obligación de la conciencia.

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